
El caso es que hoy quería hablar de Santa Catalina, y de la lotería. A todo esto, no estoy escribiendo sobre mártires ni monjas de clausura. Me refería a la plaza, a la iglesia, y sobre todo a la torre, situadas todas ellas en el centro de Valencia. ¿Qué me atrae de su esbelta belleza? Pues no sabría deciros. Seguramente el hecho de ser la segundona, un bello talento más, eclipsado por la siempre exagerada fama del Micalet, la torre que preside la catedral de la ciudad del Turia.
Siento cierta simpatía por los segundos, esos entrañables personajes condenados a ver menguado su prestigio a costa de los siempre sobrevalorados méritos de los primeros. Los segundos vienen a ser la nobleza de los perdedores; gentes con reconocimiento social, con galones, pero sin derecho a llevar la aureola sobre sus cabezas. La torre de Santa Catalina es un ejemplo más, una hermosa perdedora, una novia despechada por el popular gigante Micalet, que la observa desdeñoso desde la otra punta de la Plaza de la Reina.
Y en la plaza de Santa Catalina, existe una administración de lotería con bastante fama, como si la superstición popular intuyera que, bajo la mirada protectora de la derrotada, aflorará mejor la apreciada rosa de la suerte.
Todos los años me hago el propósito de comprar algún décimo en ese local, y todos termino desistiendo. Este año tampoco va a ser la excepción. Ya no me da tiempo. Además, tenía el propósito de compartir con vosotros el billete comprado, tal y como hizo Carmen el año pasado, iniciativa que me gustó y a la que me sumé con mucho agrado.
Me gusta compartir lotería. Sea de donde sea. Comprar un décimo a medias, o entre varios amigos, parece que me une más a ellos, es como escoger a tus acompañantes en el camino de la fortuna, que viene a ser la isla desierta por la que alguien inevitablemente nos pregunta. ¿A quién te llevarías? Pues a ti, mi amor, no ves que compartimos número.
Por uno de estos vacíos de mi memoria, dígase despiste, tengo en mi poder un décimo cuyo destino era ser compartido, pero que, al final me he tenido que quedar yo solo. Como el futuro del agraciado papelito era tener más de un amo, he decidido compartirlo con vosotros. Utilizaré el mismo sistema que empleó su inventora: todos aquellos que dejen un comentario en esta entrada hasta el viernes 21 de diciembre a las 23:59 h. (hora peninsular española) me acompañarán en la suerte con el décimo, del cual no reproduzco todas sus cifras por motivos de seguridad.
Soy consciente de que queda muy poco tiempo, y os ruego que me disculpéis los que no hayáis leído la entrada antes de que expire el plazo.
Suerte, y Feliz Navidad a todos.






