15 diciembre 2005

En la vieja estación


Las estaciones de tren son lugares cargadas de simbolismo, pensaba, mientras ella le hacía algún comentario intrascendente, con el único objeto de romper ese silencio tan espeso y áspero que llenaba el ancho espacio que ahora les separaba.

Era el escenario ideal, meditaba, mientras recibía aquellas palabras clavándose como minúsculas agujas. Le molestaban las palabras, todas. No hacía falta ninguna, los dos lo sabían. Todo había terminado.

La estación era antigua, necesitaba una remodelación urgentemente. El mármol del suelo y las paredes estaba gastado, algunas losetas rotas, y la marquesina de madera dejaba filtrar algunas gotas del deshielo de la escarcha matinal. Este aspecto viejo y desolado encajaba todavía mejor con su historia. Las despedidas tienen algo de antiguo y desolado, de ruina.

No habían madrugado, el desayuno había sido largo y copioso, cada uno escondido tras su periódico, sin apenas comentar nada. Las noticias no traían nada especial, excepto la del asesinato de aquel ex dirigente de la KGB. Se sospechaba de una antigua amante, una rubia espectácular, que aparecía en una foto pequeña en una esquina de la página.

Después habían parado un taxi, que les había llevado muy rápido a la estación. No había demasiado tráfico por las calles de la ciudad a esas horas. Subiendo las escaleras de la estación saboreaba el aroma rancio de su decoración, mientras intentaba zafarse de las frases que le herían con un escudo de monosílabos.

Pocas personas transitaban por la vieja estación, pero era sencillo darse cuenta que aquel lugar era el principio y el final de muchas historias como la suya, como la de ellos. En aquel mismo instante, en muchas estaciones como aquella, madres se despedían de sus hijos, mujeres de sus hombres, amigos de otros amigos. Muchos volverían, es cierto, pero algunos empezaban un camino sin retorno, llenos de ilusión, de esperanza, o de soledad y desesperación.

El altavoz sonó fuerte, despertándole de su letargo. Era el momento. No lo deseaba ni lo temía. Simplemente tenía que pasar. Poner fin a cinco años de una vida nunca es fácil, y saber terminar es importante. Ellos no supieron. Por eso sonrieron y se mintieron con un "ya nos veremos", "llámame cuando vuelvas por aquí".

Y él subió lentamente los dos escalones, alcanzó la plataforma, giró con suavidad sobre sus talones y se enfrentó a su mirada, serena pero triste, mientras se cerraba la puerta. Entonces, por primera vez en todo el día, sintió auténtica pena.

Recorrió arrastrando los pies los escasos metros que le quedaban hasta su vagón. Dejó la maleta en el estante, dejándose caer en el incómodo banco mientras apoyaba su mejilla contra la ventana. Enfrente, una joven se arreglaba el pelo y cruzaba mecánicamente sus bien torneadas piernas.

20 comentarios:

  1. La eterna y desvencijada estación de tren, esa que agonizada en ninguna parte, cuando, como diría Neruda, "en algún lugar se durmieron los trenes".
    No hay nada más hermoso que una estación abandonada en la que siempre se acumula un halo de recuerdos, historias, despedidas, encuentros.
    Una historia muy hermosa.

    ResponderEliminar
  2. Siempre serás bien recibido.
    Un saludo desde Gijón.

    ResponderEliminar
  3. ¡Por fin...! un rato tranquilo para leer (o mejor reanudar la lectura) de buenos relatos. Maldita falta de tiempo...

    Las estaciones de tren.. esta semana he tenido una buena racion.. pero es verdad que poseen un aura especial: la fria y lejana impersonalidad de las grandes estaciones, la triste ausencia, perenne ausencia, de las medianas, como la de la foto, como la de mi pueblo (al verla dí un respingo de sorpresa, pero no...), la terrible, angustiosa soledad de las pequeñas estaciones y apeaderos. Solo en las grandes la vida parece fluir con una cierta normalidad, en el resto parece como si el tiempo se hubiera coagulado, como si sus columnas y paredes emergieran, cual barcos fantasmas, de la neblina de un pasado ya caduco.

    Buen acierto literario situar esta triste despedida en una de esas estaciones. Aunque ya no muy frecuente en la practica, arropa perfectamente esa melancolica irreversibilidad del adios. De hecho basta salir del influjo de la estacion para que un timido rayo de luz vuelva a vislumbrarse en la escena: ¿quien será esa desconocida (por ahora) joven de las bellas piernas....?

    Besos

    ResponderEliminar
  4. Concentrado en la lectura no había reparado en los enlaces ¡Gracias por la inclusion...! ¡Un honor sin duda inmerecido..!. Al considerar tus enlaces, me vino a la cabeza el comentario que hace tiempo dejaste en unas de las entradas de Violeta (creo...) sobre los circulos que se intersectan (igual que se bifurcan los senderos del jardin de Borges..). Seria interesante hacer un estudio de referencias cruzadas entre distintos blogs y como se relacionan entre si... Curioso universo virtual este...

    Mas besos

    ResponderEliminar
  5. Me parto con el comentario de Carlos...jajajaja. Lo cierto es que fui yo la que se planteó la cuestión de los cruces; pero por ser tú te dejo que te quedes co el mérito (jajaja). Ay Reno, Reno...nunca olvides que tus orígenes son los de tirar del trineo y repartir regalos por todas las chimeneas y calefactores de la ciudad (¿Qué le vamos a hacer? Todos no tenemos un chalet). Espero que no olvides decirle a tu jefe que espero con ansias la Barbie magia de Pegaso. Feliz Navidad :D

    ResponderEliminar
  6. Que románticas son las estaciones cuando estás enamorado. Y cuántas historias a lo largo de la historia. Sobretodo cuando era la forma más usual de desplazarte. Cuando la gente q normmalmente tomaba un tren, no era ni mucho menos para ir a trabajar o para ir a la universidad. Si no q eran viajes con una historia detrás. Despedidas llenas de sentimientos, o reencuentros apasionados. Donde las grandes distancias se recorrían en tren y los sentimientos más puros y las emociones más fuertes se recibían y vivían en forma de carta. Ni teléfono, ni internet.

    Juanjo, me gustó mucho leerte esta mañana. Ahora...voy a desayunar. Muy mala costumbre tengo. Desayuno mucho más tarde de haberme levantado. Y luego veremos como se presenta el día, de momento parece nublado y con esa luz q anuncia un día frío. :-S
    Hasta pronto. Noelia.

    ResponderEliminar
  7. "Las estaciones de tren son lugares cargadas de simbolismo, pensaba, mientras ella le hacía algún comentario intrascendente, con el único objeto de romper ese silencio tan espeso y áspero que llenaba el ancho espacio que ahora les separaba."

    Exacto. Como dijo O.Wilde: "...se puso a observarlo con ese extraño interés por las cosas triviales que desarrollamos cuando las cosas importantes nos o asustan, o cuando nos agita una emoción para la que no podemos encontrar expresión."

    ...Y como tú dices,"las despedidas tienen algo de antiguo y desolado, de ruina." "...mientras intentaba zafarse de las frases que le herían con un escudo de monosílabos."

    Pero qué bien escribes.

    Me ha encantado, la entrada que más me ha gustado hasta ahora. Sencilla, cercana, musical, evocadora, nostálgica, real, poética... perfecta.

    De esas que te inundan el alma con el vapor de las palabras bien cocinadas.

    ¡Pero qué bien escribes!

    De veras, perfecta.

    Cuídate mucho, no dejes de regalarnos manjares como este :)

    Besitos!

    P.D.- Y gracias, una vez más y siempre, por tus comentarios :)

    ResponderEliminar
  8. Siguiendo con los trenes...
    Tienes muchísima razón, la gente pierde la paciencia ante nada, y además exige más de lo que exige a sí misma.
    Me sacan de quicio ambas actitudes...
    Suerte en la búsqueda de la ratita.
    Besos

    ResponderEliminar
  9. Iba a comentar lo que me fascinan las estaciones, aeropuertos, etc.. por su halo de bla, bla, bla... pero ya está comentado (y muy bien). Yo también pensé que era mi estación. ¿Tan impersonales son que todas nos lo parecen?
    Buen sitio, repetiré ;)
    Gracias por el comentario.
    Agur.

    ResponderEliminar
  10. El ex-dirigente y la rubia... No están en otra entrada?
    Me encantan las despedidas, y también las estaciones antiguas y viejas.
    En realidad todo lo viejo me atrae con sus encantos.
    Un besazo, Reno.

    ResponderEliminar
  11. Mejor por la tarde... hasta que la persona mencionada se puso en contacto para decirme que no sabía de qué le hablaba... Las hipocresías de la vida... las cosas bonitas a la cara aunque sean falsas, las feas por la espalda y a traición, y peor aún cuando tengo la certeza de que son absolutamente falsas...
    No, no ha sido un buen día. Pero sigo pensando que nuestra vida es demasiado valiosa para no intentar sonreír siempre que podamos, aunque a veces el cuerpo nos pida estos desahogos.
    Un besazo

    ResponderEliminar
  12. Anónimo12:27 a. m.

    Mi querido Juanjo...
    disculpa mi dilatado silencio...pero.. cuando no hay nada bueno que decir...es mejor quedarse callado............ y yo últimamente.... no he sido demasiado positiva.
    Como siempre me cautivan tus historias.... ya sabes que los trenes.... y sus estaciones...forman irreversiblemente parte de mis recuerdos más añorados...
    están repletas de historias tristes... que empiezan o terminan...en un andén..
    que viajan en el tiempo y en la geografía acumulando deseos, esperanzas y , a veces...desilusiones... pero que nunca nos dejan indiferentes...
    cada uno de nosotros...tenemos nuestra propia estación.... aquella en la que esperamos.. los que todavía no somos del todo escépticos... que las historias de amor..tengan un final de cuento...
    Feliz Navidad...
    Taormyna

    ResponderEliminar
  13. No quiero acostumbrarme a pensar que todo lo importante que esperamos oír en nuestras vidas llega siempre demasiado tarde. Todos los "Te quiero", "Te necesito", "Lo siento"... No, no quiero conformarme con eso para intentar paliar así el dolor de la desesperanza...
    Quizá lo importante es valorar cuándo se debe esperar y cuándo no.
    En ocasiones esperamos eternamente por algo o alguien y cuando llega a esa estación nos damos cuenta de que no era el tren que queríamos coger...
    Y otras veces mandas a paseo, por así decirlo, a otras personas a las que no has tenido paciencia para esperar y de repente, al subirte al vagón, los encuentras ahí sentados...
    Y digan lo que digan, nunca será demasiado tarde todavía.
    [una de dos, o la causa mofli se ha tomado vacaciones o estas fiestas comienzan a afectarme gravemente]
    ¿Ya encontraste la ratita?
    Un besazo

    ResponderEliminar
  14. Pasaba por aquí...
    Y ya que estoy, te dejo mi deseo de unas felices fiestas para ti y los tuyos.
    Gracias por tus comentarios...
    Son de los que más me gustan.
    Un besazo, Juanjo.

    ResponderEliminar
  15. Venga, por qué no...
    ¡Feliz hannukah!

    ResponderEliminar
  16. Un fuerte abrazo para ti en este dia/noche especial. Gracias por tu compañia. Virtual o no... conforta.

    Vaaaale... Besos tambien, jajaja

    ResponderEliminar
  17. Anónimo5:46 p. m.

    Feliz Nochebuena..y Feliz Navidad...y muchos besitos... y un montón de abrazos...y un saco de sonrisas... ¿ le has pedido algo a Papá Nöel?
    Lau

    ResponderEliminar
  18. Pues no iba por nada ni nadie y por todo y todos a la vez... así son estas cosas. Es lo que tiene la causa mofli cuando se pone seria y reflexiva...
    Felices fiestas de nuevo, espero informe sobre la ratita, te juro que hoy eché un vistazo entre una montaña de peluches y no, yo tampoco vi ninguna...
    Un beso muy fuerte.

    ResponderEliminar
  19. Sí, quizá tengas razón: de todos se puede sacar algo, pero yo sinceramente creo que, sin duda alguna, de unos más que otros. Al menos a mí los que más me sirven son los a media voz o susurrados desde algún cojín próximo al mío, que por cierto, te compro una docena, pero enróllate y hazme un 3x2, que somos amigos, hombre. Te dejo a ti el más mullido, juassss.

    ResponderEliminar
  20. Pues putuca es sinónimo de cabrona pero incorporando una faceta mucho más "cachonda", por así decirlo...
    Besitos varios

    ResponderEliminar