21 mayo 2017

Viceversa




Escrito para Viernes Creativo. La imagen es de Ron Dillon.

Ana tenía una peca en el omoplato izquierdo y Ada otra idéntica en el derecho. Esas eran todas sus diferencias, según ellas mismas afirmaban. Compartían todo su material genético y muchas cosas más. Sí, también a sus hombres, aunque entonces yo no lo supiera.
Me enteré de sus singularidades cutáneas el mismo día que decidieron tatuarse un lunar simétrico en sus espaldas. Es un acto simbólico, aseguraron, nada de lo que uno deba preocuparse; pero yo sabía que había algo más allá de la mera diversión de hacerse pasar la una por la otra. Eliminando aquella íntima diferencia pretendían, en realidad, ser cada una la extensión de la otra, sus respectivos complementos. Vivir dos vidas de forma simultánea, o una sola de doble extensión.
A partir de aquella operación, nadie más las volvió a ver juntas. Es cierto que una de ellas dormía en mi casa y yo jugaba con mis dedos sobre su espalda, tratando de adivinar qué mancha era la falsa, pero ni siquiera así conseguí saber si quien vivía conmigo tenía una ene o una de en el eje de su nombre.
Tampoco el último día, cuando Ada me dijo que a su hermana le había arrollado un tren y yo le vi su propia muerte en la mirada.

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14 mayo 2017

El nuevo mundo



Escrito para Viernes Creativo. La imagen es de Constantina @ofuscada

Debí imaginar que no nos lo habían contado todo. En realidad, solo habíamos recibido unas pocas instrucciones para aterrizar. Abre bien las piernas y no sueltes tu dispositivo de caída hasta tener los dos pies bien asentados sobre la superficie terrestre. Suelta después el paracaídas y relájate observando la puesta de sol. ¿Qué había que hacer después en este planeta desconocido? Preferimos no preguntar.

No nos habían dejado otra elección: colonizar un astro deshabitado o pudrirnos en el penal de la luna X15B12, así que arrastramos unos días la amargura del destierro. Al poco tiempo, comenzamos a descubrir las ventajas del satélite azul: temperaturas agradables, días largos, ausencia de meteoritos y la policía estelar bien lejos de esta galaxia. Un paraíso para los fuera de la ley.

Transcurridas las primeras jornadas de adaptación, comenzamos a intimar, a querer saber los unos de los otros. Había llegado gente de muchos planetas, con delitos de lo más variopinto: asesinos, estafadores, pederastas, ladrones, violadores, corruptos. En esta vida nueva no importaba demasiado lo que habías hecho antes, no tenías a nadie que te pudiera juzgar.

Conocí a Eva. No nos preguntamos demasiado. Era rubia, alta y su mirada tenía la calidez de un atardecer de otoño. Buscamos un lugar para vivir cerca del mar, alejados de los otros, donde nadie nos recordara nuestro turbio origen. Tuvimos hijos y los criamos allí, alejados de todos. Simulamos que éramos oriundos de este amable planeta, terrícolas de cepa. Mentimos sobre nuestro origen, quienes había sido nuestros padres, de dónde procedían nuestros ancestros.

Un día, dando un paseo, descubrimos, abandonados, un montón de aquellos dispositivos que nos habían permitido llegar a este paraíso. Los niños nos bombardearon a preguntas sobre ellos. Por fortuna, Eva, oriunda de Iridis, tenía el enorme don de la improvisación. Cogió el aparato por el mango y comenzó a darle vueltas. Esto es un paraguas, dijo, y sirve para resguardarnos de la lluvia. Los chicos se quedaron prendados de aquel objeto volante, sin que supieran muy bien a qué se refería su madre. Faltaban todavía algunos siglos para que se inventara la primera tormenta.
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07 mayo 2017

Serendipia



Escrito para el Viernes Creativo. La imagen es de Elena Casero Viana.


El día que a Lola, la costurera, se le acabaron los alfileres, terminaron los males de la aldea. En la era de Faustina, la bruja, encontró más que suficientes para utilizar hasta su jubilación. Desde entonces, los muñecos que los llevaban se airean en el exterior de la casa, libres de pinchazos, y los niños juegan sin jaqueca por las calles. A la pérfida, causante de todos los males, pensaron en quemarla en la hoguera de San Antón, pero Fabiano, el soltero diplomado, encontró por Meetic a un faquir que buscaba una pareja compatible con su perfil. Entre todos los vecinos, le compraron un billete de solo ida a la India.

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04 abril 2017

El nacimiento de una vocación




Escrito para el Viernes Creativo. La imagen es de Christer Strömholm


Elsa tenía una voz ronca y profunda, casi de hombre, como la que yo quería tener entonces, y unas piernas larguísimas, a las que todavía no había aprendido a desear. La canción que interpretaba se parecía más a un grito que a un llanto. Hubiera dado cuanto tenía por subir al escenario y cantar con ella, pero me quedé embobado mirándola, removiendo el único chavo que tenía dentro de los bolsillos. Entonces subió uno de esos hombres, la zarandeó y le torció el tobillo, convirtiendo el grito en llanto. En ese momento decidí que quería ser médico, para enderezar a Elsa todas sus torceduras. Volví a casa tarareando aquella copla y le hablé a mi padre sobre mis intenciones. Estaba sorbiendo la sopa y casi se atraganta de la carcajada. Mira qué dice el muchacho, le dijo a mi madre. Que quiere ser matasanos. Con lo bien que canta.
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26 marzo 2017

Gastronomía razonable


Relato escrito para el Viernes Creativo. La imagen anónima ha sido recuperada por Munemasa Takahashi 

El club del lazo amarillo fue una organización secreta que tuvo su punto álgido en la segunda mitad de la década de los años veinte. No se conoce muy bien su actividad, pero existen ciertos indicios que apuntan hacia una reforma radical de la cultura japonesa, comenzando por la gastronomía, en la que intentarían introducir el ajo morado de las Pedroñeras.

En la única foto que se conserva, solo es posible distinguir a cuatro de sus miembros, que guardan la boca bien cerrada y tienen el semblante serio, como si el hecho de sonreír fuera suficiente para emitir efluvios pestilentes. Algunos expertos postulan que aquellas pioneras recibieron aquel mismo día un áccesit, algún tipo de premio menor que la chica situada abajo a la derecha sostenía con poco entusiasmo, una especie de palo rematado con un corazón de alcachofa en un extremo. Tal objeto recuerda el báculo perdido del último emperador de la dinastía Yoshida, de cuyos restos apenas habla la historia. Ese instrumento debió ser el responsable tanto del fin de la estirpe como de la desaparición de aquella asociación cultural.


Otra posibilidad remota que se baraja es que las chicas no lo estaban pasando bien en la fiesta, que alguna se veía fea y decidió destruir la foto, esperando, con la consabida paciencia japonesa, a que el tsunami hiciera su trabajo. Una opción poco probable, teniendo en cuenta que hasta la fecha, el ajo morado no ha conseguido el lugar que merece en la cocina nipona.

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11 marzo 2017

Los otros mundos

Dreamwalking erik johansson
Escrito para el Viernes creativo. La imagen es de Eric Johansson

No tengo costumbre de dejar un vaso lleno de agua encima de la mesita, a pesar de que me levanto siempre con sed a mitad noche. Si lo hiciera, podría interrumpir el sueño lo mínimo posible y no abandonar la calidez del cuarto.

Pero los sueños no siempre son plácidos y la sequedad de la boca sabe más a desasosiego que a calor de edredón. La habitación es, a menudo, el escenario de una posguerra nuclear, en la que las paredes callan crímenes terribles y el polvo del suelo es sospechoso de ser vida calcinada.

Necesito salir y demostrarme a mí mismo que hay alguien ahí fuera, que no todo se ha perdido, pero el pasillo es más de lo mismo: naturaleza muerta, edificios vacíos, sobre las paredes; la luz amarilla, que no deja de ser un sucedáneo amargo de un sol extinguido.

Por suerte, sobre el banco de la cocina siempre hay una jarra de agua y un vaso junto a ella, como preparado por alguien para mí; un reloj que muestra el avance de las horas, el resplandor del faro de un coche que recorre la avenida.

Apuro de un trago el vaso y me lleno otro para el viaje de vuelta. Lo dejo en la mesita, junto a la lámpara. Me fijo otra vez en el suelo y ha crecido la yerba. Ya dentro de las sábanas, apago la luz y desaparecen las paredes. En el cielo brillan un montón de estrellas con planetas como el nuestro. Otros mundos llenos de seres buenos dispuestos a salvarnos, que deben estar de camino ahora mismo. Alguien me susurra al oído unas palabras que no entiendo.

Pienso que debería tener siempre a mi lado un vaso lleno de agua, que no sé por qué me cuesta tanto cambiar de hábitos.

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