24 agosto 2016

El imprevisto aguacero




La imagen es de Kenji Kawamoto. Escrito para Viernes creativo.

Otra vez me ha vuelto a pasar lo mismo. He olvidado mi paraguas afuera y llueve. He entrado confiado en el buen tiempo que reinaba en la calle y me ha sorprendido el temporal. Por suerte, el agua se escapa por las rendijas abiertas en el suelo de la cabina. Si no, hace tiempo que me habría ahogado.
Ahora tengo los pies mojados y la humedad sube por mis piernas poco a poco, sin pausa, adormeciendo mis sentidos, doblando las rodillas hasta convertirlas en articulaciones inservibles. Si sigue subiendo, alcanzará los brazos y me será imposible alargarlos para pedir ayuda.
Pasan las horas y no mejora el tiempo afuera, por lo que puedo adivinar a través de los cristales empañados. Solo veo sombras huyendo de sí mismas, tratando de no quedarse ateridas, con sus músculos bloqueados, como los míos.
Quizá no sea tan malo permanecer encerrado entre estas cuatro paredes. Tal vez no sea tan importante caminar con alguien de la mano. Puede que, a causa del frío, haya olvidado todos los números de teléfono.


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04 julio 2016

Banda sonora para una tarde de domingo





Algunas tardes de domingo, bailo. Cierro los ojos y mis pies se mueven, ligeros y rápidos, dando vueltas alrededor de una pista imaginaria, al compás de un vals de mil tiempos. Dos o tres minutos después, recuerdo con nostalgia aquel verano con  Fannette y unas pocas lágrimas resbalan por mis mejillas, al recordar su traición. Dura poco, porque enseguida me imagino paseando por el puerto de Amsterdam. Viajo a la amargura de un desamor y le grito a la causante que no me abandone, durante algo más de cuatro minutos. Mi imaginación volaría hacia más lugares, viviría muchas otras historias si entendiera el francés. Como no es así, me limito a que la música me envuelva y sirva de inspiración a unas pobres letras.
Mientras tanto, mi madre, la culpable de que suene esta extraña banda sonora para una tarde de domingo, permanece tranquila en su sillón hasta que suena su canción preferida. Entonces canta con su voz quebrada en un idioma que una vez dominó casi como el suyo, las famosas estrofas que saben a desamor y a abandono: “Ne me quitte pas, il faut oublier. Tout peut s´oublier.”, hasta donde le alcanza su maltratada memoria.

Para Nuria Marcet de Trinchería (Terrassa 29-12-1934 , Castellón 30-06-2016). Mi madre.


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18 abril 2016

La dulce espera


Escrito para los Viernes Creativos. La imagen es de Silvia Grav

Aarón esperaba a los agentes de las SS, como todos los días, con una angustia que le encogía el estómago. Sabía que si mostraba debilidad, lo llevarían a la enfermería, en donde alguien le había asegurado que se disolvería como la niebla en un día soleado. Llevaba días sin dormir bien, a causa del frío y la disentería, le temblaban las piernas y tenía que apretar los glúteos fuerte para no irse patas abajo. Esa mañana estaba convencido de que los militares no pasarían de largo. Lo expulsarían de la fila y lo conducirían a la habitación sin salida, de la que nada se sabía con certeza. Él solía imaginarla como una sala amplia, blanca y fría, con camillas cómodas, donde una enfermera le sonreía mientras le inyectaba un líquido acuoso con una aguja interminable. Entonces, su imagen se volvía borrosa y cesaba todo su sufrimiento, igual que debía ocurrir con esas nubes calentadas por el sol de mediodía. Acababa su tormento. Era lo único que deseaba en ese instante, que terminara todo. Entrar en una fase de insensibilidad perfecta, lo más parecido a la felicidad que podía idear. Sin darse cuenta, se descubrió sonriendo, ya no sentía dolor en el vientre y un líquido ácido y pegajoso comenzaba a resbalarle por las piernas.

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01 febrero 2016

Lo que llamábamos hogar


La imagen es de Artur Tress. El relato lo escribí para los Viernes creativos de Escribe fino

Papá ha vuelto. Siento de nuevo sus pasos sobre la casa, los dedos que se retuercen entrelazados en la espalda, su mirada severa, los hombros vencidos por la culpa.
Ha llovido mucho desde que se fue. Las noticias han caído con cuentagotas durante meses y a mares en los últimos segundos. Demasiado peso para un techo con vigas de hojaldre.
Ahora el padre que regresa ya no es un padre. Es solo un hombre. Nada más que un tipo triste que pasea cabizbajo por una casa, que ya no es su casa. Que tampoco es la mía. Es solo una construcción sin sentido, con una cubierta de niebla y las paredes manchadas por las dudas. Un templo derruido, olvidado por los dioses.
Las pisadas errantes, el silencio espeso, son las últimas hojas que caen de este otoño, un teletipo dormido en las páginas de un periódico amarillento.

Me tienta decir adiós a esa sombra, pero ya lo hice el día que descubrí que los muros eran demasiado altos y grises. Y que, además, no nos protegían de nada.
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16 noviembre 2015

La imposible primavera


Escrito para los Viernes creativos. La imagen es de Constantine Manos

Todos los veintiuno de marzo, acude a su cita, como si el hecho de hacerlo bastara para que los acontecimientos sucedieran de la forma que deseamos. Pero esta vez, las estaciones se resisten a seguir la voluntad de los hombres y no llegan los trenes a su hora. Las muchachas han olvidado ponerse dos gotas de perfume en el cuello y florecen anárquicos los postes telefónicos. No ladran los perros mientras se congelan los arroyos.

Todo eso sucede ajeno al devenir del hombre que esconde en su espalda la última rosa blanca de la tierra, apostado en la esquina de una estación de metro, aguardando a la única aspirante digna de tal presente. Ignora que por esta vez, al contrario de lo que ha sucedido durante todos estos años, una mano delicada aceptará la flor y ya no será necesario entonces buscar nombres para las cosas y abono líquido para los deseos.
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09 noviembre 2015

Afirmaciones, negaciones, dudas


La ilustración es de Jaya Nicely. Este relato lo escribí para los Viernes creativos.

Tienes mil formas de besar. Una de ellas consiste en dejar los labios semiabiertos y esperar que acuda al reclamo de tu boca deprisa, que la invada con mi lengua y la recorra ansioso, como si quisiera contarte en unos segundos todo lo que me ha pasado en varios meses. En ocasiones eres tú quien me busca, acercándote con la fuerza de un electroimán y me absorbes sin remedio, como una corriente de agua en un sumidero. Soy entonces un muñeco manejado por tus músculos faciales.

Algunas veces tus labios juegan, se abren, se cierran y tus dientes me mordisquean muy suave todas las comisuras, provocando una serie de temblores en mis dedos, hasta que consiguen abrir el cierre de tu sujetador. Otras, permanecen cerrados, formando un estrecho guión o un paréntesis invertido, la mitad de una señal de prohibición. Aun así, deseo rozarlos con los míos y convertir esas líneas en complejos dibujos que borren la negación que significan. Solo lo impide la certeza de que nada conseguirá cambiar esa expresión y el terror de sentir frío en el encuentro de nuestras carnes.

Sabes decir sí, por tanto, de infinitos modos y no, solamente de uno. Mientras tanto, yo, apenas dispongo de un par de gestos para transmitir demasiadas dudas.

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30 octubre 2015

Antes del otoño




La imagen es de Rodney Smith y el texto lo escribí para los Viernes Creativos.


Aquel verano no hubo golondrinas. Ni oscuras ni de las otras. Tampoco cometas, castillos de arena y helados de chocolate. Dimos largos paseos, si se le puede llamar así. Búsquedas desesperadas de un hombre con sombrero, que no recordaba dónde estaba y empezaba a olvidar quién era. Alguien con mis mismos apellidos, mirada perdida y sonrisa bondadosa. Aparte de eso, recuerdo que leí un libro, solo uno, y que dejé dentro los restos de la última mariposa que cogimos juntos, en los últimos días de primavera, cuando el estío todavía era posible.

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