10 mayo 2006

Búsqueda desesperada


La gente desapareció de la calle casi con la misma rapidez con la que se levantaba la nube de humo, y Ramón hizo lo peor que podía hacer: moverse del sitio. Buscó por los portales, los bares y quioscos de varias calles adyacentes, y no pudo deshacerse de la duda sobre la ausencia de su chica. Barajó varias posibilidades: la huida voluntaria, el secuestro, o simplemente la falta de orientación.
Pronto le invadió una sensación amarga, un oscuro presentimiento, la extraña creencia de que no la volvería a ver más. Más le hubiera valido entonces comenzar la búsqueda de sí mismo, la pausa necesaria para pensar, para tomar decisiones. En vez de eso, continuó vagando desesperado, con la mente en blanco, formulando a todo el mundo preguntas absurdas, sin sentido, hasta quedarse sólo en la calle.
Entonces bajó los brazos. Se encontraba en una amplia y bonita plaza, delante de un enorme tapiz de flores, que formaba el manto de la virgen, cerca de un dios pagano que, mostrando el cuerno de la abundancia, parecía reirse de su mala fortuna más que ofrecerle la buena. Cerca de él, un hombre corpulento, de amplio bigote y aspecto bonachón, recogía la última mesa de la terraza.
- ¿Está cerrado?
- No, no, siéntese si quiere tomar algo.
Ramón se sentó sobre la fría e incómoda silla metálica, y pasó sus ojos por encima de la carta sin ver prácticamente lo que contenía.

- ¿Qué va a ser?
- Cualquier cosa. Una brascada, por ejemplo, dijo así a bote pronto, sin entusiasmo.
- ¿Y para beber?
- Cerveza, cerveza.
- En seguida va.

El servicio fue rápido, aunque a Ramón ya parecía darle igual todo. Nuevamente nuestro hombre dejaba pasar el tiempo lamentablemente antes de pasar a la acción; se derrumbaba, se dejaba llevar hasta lo más profundo de su desolación, como si necesitara caer hasta el fondo del abismo antes de resurgir. Pero esta vez necesitaba todos los segundos que estaba malgastando, y no sabía bien hasta qué punto.

La casualidad quiso que se encontrara con Cristina, su marido David, y su pequeña hija María, que iban de paso hacia su falla, perfectamente ataviados con sus trajes regionales. Se sentaron un segundo y tomaron café con él.

- Tranquilo, hombre, se habrá perdido, dijo la chica. Es muy fácil en la mascletá. O a lo mejor se ha fugado con alguien que baile mejor que tú, chaval, je,je, sonrió haciendo alusión a la noche anterior. ¿Por qué no buscas en el hostal? Si no te encuentra terminará yendo allí.

Esta frase pareció activar todos los resortes atascados de la conciencia de Ramón. Era evidente, cualquier mente no sumida en el estado de confusión en que se hallaba Ramón hubiera reparado en esa posibilidad. El único punto de encuentro posible en caso de pérdida involuntaria era el hostal de Gloria, y ya le estaba faltando el tiempo para correr hacia allí. Así que pidió la cuenta, pagó y se fue corriendo, casi sin despedirse de sus amigos.

No suelen parar los taxis cuando más los necesitas, y con el centro cerrado al tráfico era más difícil todavía encontrar alguno. Ramón recurrió al viejo truco de ir caminando en dirección al lugar de destino probando suerte de vez en cuando, pero tardó bastante en tropezar con uno libre. Iban casi todos llenos, y sólo pudo hacerse con los servicios de uno que acababa de bajar a sus pasajeros, ya no muy lejos del hostal.
Pagó la carrera sin esperar las vueltas del abundante cambio que dejaba, y se introdujo a trompicones en el hostal. Gloria le recibió con cierta cara de lástima y una nota en la mano.

- Tu chica ha venido, ha recogido su bolsa y me ha dejado esto para tí.
- Que tú, por supuesto, no has mirado ...
- Ya sabes que yo no hago esas cosas, dijo, con una sonrisa cínica.
- Sí claro, claro, respondió escéptico mientras leía la nota en silencio.

Ramón, me he ido. No me busques. Aquí no estoy segura y no quiero seguir siendo una carga para ti. Espérame en Madrid. Volveré cuando todo esté más tranquilo.

Te quiero,

Sofía.

- Se ha ido. Me dice que la espere en Madrid.
- Ejem, Ramón..., carraspeó Gloria. Antes de irte, tienes visita, dijo bajito. No he podido deshacerme de ellos.

11 comentarios:

  1. Mi despedida es sólo un hasta luego en realidad, necesito poner orden a tantas cosas que... en fin, bueno de vez en cuando entraré a leerte, besos de añoranza hacia mi tierra.

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  2. BUENOS DIAS!!!hace tiempor que te leo aunque no te dje comentario,gracias por tu visita ,,la busqueda de uno mismo es constante..pro este RAMON es un poquito complicado no?un beSO ABRIL

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  3. ¡¡Qué premeditado lo tenía la jodía!!
    Y se pira así sin más...y sin él se siente más segura?en fin
    A ver si sale Ramón de ésta esta vez...
    ¿cuántos son? ¿y cómo? ¿hablan español? jeje

    Besitous

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  4. Cómo consigues siempre volver a dejarnos con la intriga.
    Probe Ramón...jajaja desde luego que debe sentirse muy desconcertado, eso de tener que volverse a Madrid y sentarse a esperar... yo creo que va a ser que no!! Total yo creo que ya no tiene nada que perder, pq el trabajo lo debió perder, no?? o avisó antes de ir a Valencia??
    Ufff que pase rápido esta semana!!!
    Venga guapo, hasta pronto. ;o)

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  5. Esta Sofía... Ahora desaparece. El pobre Ramón no sale de una y se encuentra con otra;) A ver que pasa ahora...

    Un besote

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  6. He venido muuuy rápido, pero lo he leído todo. Vaya giro... Pobre Ramón... pero dime ¿cómo de enamorado está de ella? porque la chiquita sólo trae problemas...

    Vuelvo pronto, lo prometo.

    Mil besos!!!!

    (Tengo mucha mucha prisa :O!)

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  7. Mi intención era poner que se trataba de "Cosetas de amoooor" pero se debió mover la pestañita al mover el ratón y se cambió. Y lo digo porque antes al intentar cambiarlo, se ha puesto en Adivina adivinanza...a ver si ahora lo consigo.

    Cómo estás Reno?? Bien?? me alegro, besitossssss

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  8. Compuesto, sin novia... y con un par de gorilas esperando. ¿He oido "a salir por patas"? Y se quedará y todo...

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  9. Uff, que intriga, siempre lo consigues.
    Bueno esperaré impaciente.
    Un beso, guapo.
    El truco del taxi ...jejeje.

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  10. Contesto algunas preguntas:
    SARA. Sofía donde no se puede sentir segura es en un sitio donde sabe que la tienen localizada, y Ramón había decidido quedarse...

    NOELIA. Muy buena la observación del puesto de trabajo. Tras la huida de Madrid, Ramón ni pensó en el trabajo, pero seguro que le llamaron. ¿Consiguió arregrarlo por teléfono? Veremos. (no lo he decidido aún)

    OSCURAMENTEMIA. Ramón está enamoradísimo de Sofía, como nunca lo ha estado. Si no, ya le hubiera dado puerta a las primeras de cambio. No le había pasado hasta ahora y el pobre no sabe qué hacer. Hay determinadas enfermedades que se deben pasar en la infancia. Después pueden tener efectos desastrosos.

    ANDROIDE. Yo de él me iría corriendo sin coger la bolsa, pero mucho me temo que no le van a dejar.

    Saludos a todos, y gracias por vuestra paciencia infinita.

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  11. Anónimo6:35 a. m.

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