09 noviembre 2007

Ella toma las riendas


Durante este tiempo, sin que yo fuera capaz de apreciarlo, los cimientos de la habitual seguridad en mí mismo se habían ido deteriorando sin remedio, y ahora era mi propia personalidad la que estaba amenazada de ruina. Sin saber siquiera si la persona a la que amaba existía realmente, y negándome a mí mismo la autenticidad de mis sentimientos, estaba viviendo en un mundo irreal, que era muy posible que se viniera abajo al primer contratiempo.

Despertaba todos los días con la ansiedad que me producía la posibilidad de verla, y, al mismo tiempo, quería envolverme con una capa de indiferencia que demostrara -no sé muy bien a quien- lo poco que me importaba el objeto de mis deseos. Algo verdaderamente absurdo, si te paras a analizarlo un segundo, pero yo no deseaba analizar nada. Sólo quería verla y mostrarme ante ella como un auténtico tipo duro de película de cine negro americano, un Humphrey Bogart sin sombrero ni gabardina.

Concha tenía otros planes para mí, perseguía objetivos tan claros como abyectos, y mi ceguera le venía muy bien para llevarlos a cabo, o quizá había seleccionado ese momento de enajenación para culminar su estudiada estrategia. A veces pienso que todo ese estado de confusión fue la consecuencia de una magistral trampa tendida por ella, consistente en debilitar mi fuerza de voluntad para conseguir que saciara todos sus deseos sin resistencia.

Me sentía pues, como el sodado sitiado, tras un largo asedio, que asiste impotente al largo despliegue de tropas enemigas, muy superiores en número, conocedor de que su suerte está echada y su vida depende, ya no de su valor, sino de la clemencia de su enemigo. En resumen, se había rendido antes de luchar.

Si a esto se le puede llamar armas, Concha se presentó con una falda larga, un top ajustado, con generoso escote, y el pelo suelto cayendo sobre su bronceada espalda desnuda. Su sonrisa, de color fresa, realzaba la textura carnosa de los labios, y la línea oscura en el párpado daba profundidad a su mirada. No tenía escapatoria; encontraba una tentación distinta en cada poro de piel donde se detenían mis ojos, y sentía vértigo; ese vértigo especial que se siente justo antes de caer en el insondable abismo del deseo.

No podía pensar en ese momento que no iba a ser tan fácil dejarme vencer, saltar al precipicio de la pasión, abandonarme a la derrota de su deseo. Concha tenía otros planes para mí: sostenerme de un hilo en la fina línea de separación entre el duro terreno de mi seguridad, y la sima de mis deseos. Ella había tomado las riendas.

11 comentarios:

  1. El Bogard me cae fatal. Ufffffffff.

    ResponderEliminar
  2. Me has hecho pensar una vez más, amigo, y creo que la seguridad en uno mismo está sobrevalorada hoy día.

    Saludos.

    Pd.: Gloria es tentación o directamente pecado? Es otra cosa que tendré que pensar.

    ResponderEliminar
  3. Concha, Gloria, ¿quién es real?. ¿Quién imaginación?. ¿Quién quiere nuestro protagonista que sea real o imaginación?.

    Un beso

    P.D. Hoy estoy poco imaginativa y si me apuras hasta poco real, y es que hay dias tontos de verdad

    Otro beso

    ResponderEliminar
  4. Mar:
    Para mí, siempre ha sido un misterio el atractivo y la fascinación de este hombre, pero bueno, no pierdo la esperanza de que alguien me lo explique alguna vez.

    Lumons:
    Escribe sobre ello, pues a ti te gusta tratar estos temas en el blog.

    Alma:
    Upssss. Tremendo desliz. Concha, Concha, siempre Concha. Me temo que se ha colado un personaje de otra historia aquí. Ya está corregido. Gracias.

    Besos y abrazos.

    ResponderEliminar
  5. en estos momentos quisiera ser tan fría y calculadora como tu amiga Concha... quizá mi vida sería mejor si pudiera ser como ella...
    Un beso... he vuelto también a mi blog, sigo en ambos lados, para los que han podido llegar a myspace

    ResponderEliminar
  6. Bueno, a veces es sumamente apetecible dejarse vencer....no?
    Es muy trabajoso tener que seducir siempre. Pienso que al otro lado, a veces da gusto estar.
    Y sobre todo, dejarse llevar hasta el final :D

    Besos!


    Äfrica


    P.D. Pues seas bienvenido a la leonera. Me encanta que vengan amigos de mis amigos...Muchas gracias por tu visita, y por tus palabras :D

    ResponderEliminar
  7. Butherfly:
    A mí sólo me gustan las personas frías y calculadoras en el momento en que pierden los papeles y se vuelven cálidas -o ardientes- y pierden la cuenta.

    Äfrica:
    Uyyyy. Sí. El problema es encontrar quien te quiera vencer, jajaja. Por lo general, los malos bailarines, acostumbrados a marcar el paso, lo pierden al dejarse llevar. Pero hay que aprender.

    ¡Bienvenida!

    Besos a las dos.

    ResponderEliminar
  8. A mi me parece que tu, mi querido Juanjo, has disfrutado como un cochino en su charca escribiendo esto.
    Es genial lo de el invento de la imaginación.
    Hay que estudiarla, estoy en ello.
    Debería hacer como tu y escribir una historia con la que pudiese sentir placer, un placer infinitooooooooooooooo.

    Ya volví, pa que veas que poquito dura lo bueno. Pero con un resfrio que ni te cuento. Me cagüen en Badajoz con lo calentita que se está en Málaga.

    Y me quedo con el segundo parrafo
    con el Bogart.
    Muacksssssssssss

    ResponderEliminar
  9. Una fantasía con estrategia propia, con pretensiones y planes. ¿Una fantasía?
    Eres bueno. Me gusta cómo escribes.
    Besos.

    ResponderEliminar
  10. Hola Juanjo...¡¡Sorpresa!!

    Estoy en clase, que a partir de hoy lunes y martes voy a estar casi 4 horas frente al ordenador, así que ya no va a haber excusa...

    Ya casi estoy al día en el tema de esta misteriosa chica...y bueno, algo así me ocurrió a mí con el ratoncito Pérez hace ya unos cuantos años, pero sin escote, sin curvas, sin labios carnosos, ya sabes. Jejeje.

    Un besote y voy a seguir leyendo. Cómo lo echaba de menos...

    ResponderEliminar
  11. tu prota confunde, como muchas personas, el amor con esos deseos que nos superan, el hecho de negarlo, lo intensifica aún más... que raros somos los humanos.

    por cierto, si algún día publicas esta historia, considera cambiarle de nombre a Concha... a medida que lo leo,no me cuaja demasiado con el personaje.

    ResponderEliminar