28 junio 2015

El negociador




El pasado jueves 25 de junio tuvo lugar la presentación del libro Los Imperdibles, editado por Unaria Ediciones, una recopilación de textos de diferentes autores, entre los que me encuentro, participantes del taller de escritura creativa de la UJI, dirigido por Rosario Raro y Pasqual Mas, que cumple ya una década formando buenos escritores y, lo que es mucho mejor, creando amistades y afectos entre todos ellos. El acto reunió a muchos autores de diversas épocas del taller y fue muy emotivo.
El título, además, está muy acertado en mi caso, porque tengo cierta querencia a perderme y desorientarme. Con este imperdible quedo unido a cincuenta autores más, a los que me va a ser imposible perder de vista. 
El relato que comparto, a continuación, es el quinto ejercicio del taller online Sanscliché. Consistía en escribir un texto sobre anacronismos. Se titula El negociador. 

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Las tropas cristianas aguantan a duras penas este frío de finales de diciembre. Los soldados se calientan frente a las fogatas en completo silencio. Todo el mundo teclea de forma compulsiva los últimos mensajes en los teléfonos móviles, pues la reina Isabel ha decidido prohibir su uso hasta concluir la conquista de Granada. Ese es el motivo oficial, al menos, aunque se rumorea que la verdadera razón es que don Gonzalo Fernández de Córdoba ha vuelto a abandonar, y ya van cinco veces este mes, el grupo de WhatsApp creado por los monarcas para dirigir las operaciones militares.
Por lo que parece, al Gran Capitán no le gusta nada que se utilice este medio para intercambiar chistes de judíos conversos y grabados de bailarinas moras bailando la danza del vientre. El grupo no se ha creado para esto, recuerda en su último mensaje, antes de que los usuarios puedan leer el consabido “GrandeCapi ha abandonado el grupo”.

Así que toda la tropa se va a quedar sin los pocos entretenimientos que le permite esta dura guerra por culpa de cuatro nobles ociosos. Las apuestas online sobre los resultados de las justas, por ejemplo. Ayer mismo, un alférez de la tercera compañía consiguió más de cien reales de plata en la plataforma de SirGuillermo de la Colina, al adivinar que el marqués de Cádiz iba a derribar del caballo al duque de Medina Sidonia en la tercera embestida, tras dos roturas de lanza, opción que se pagaba 15 a 1 frente a los 5 a 2 ofrecidos si el duque tiraba al marqués por el lado derecho del caballo (su costado malo).

Apuestas, juegos y redes sociales aparte, los artilleros argumentan que los móviles tienen otras muchas aplicaciones imprescindibles para la conquista. Sin el Google Maps, aseguran, no saben cómo van a acertar en sus objetivos. Observan las almenas de la Alhambra y tratan de anotar en algún sitio las coordenadas, antes del apagón tecnológico. Se temen que muchas de las balas acabarán en el Albaicín o en el Sacromonte, lejos de las murallas rojizas.


El ambiente se carga un poco más cuando se percibe el olor nauseabundo de la reina, quien lleva sin lavarse desde hace algunos meses. Todos esconden los móviles debajo de los petos hasta que la monarca se aleja y el aire se vuelve respirable. Entonces, aparece un jovencito, que se sienta junto a don Hernán Pérez del Pulgar. Hablan mucho rato en tono distendido y se hacen algunos autorretratos con las cámaras de los móviles, que pronto circulan por el Facebook. Todo el mundo se pregunta quién es el osado que departe de esa forma, con ese desparpajo, con el capitán. Corren rumores de que es un espía del nuevo confesor de la reina, el enigmático Cisneros. Asegura tener poderes para negociar con Doña Isabel, y está dispuesto a hacerlo por un módico precio. Su nombre es Nicolás, Maese Francisco Nicolás.

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