30 marzo 2006

La huida


Esos ojos ocultos en las sombras no pasaron desapercibidos para Sofía; esperando como estaba la llegada de Ramón pudo apercibirse de la maniobra del coche y los extraños movimientos del ocupante, al que no conocía personalmente, pero del que podía adivinar sus rasgos duros, propios de los hombres de su país.
Nada más entrar Ramón pudo notar la preocupación en su rostro, y se encogió de hombros, como preguntando. Ella se limitó a señalar a la ventana, volviendo a cerrar las cortinas.

- No mires. Sé discreto. Te han seguido.
- ¡Mierda! Tenías razón al final.
- Debes fiarte siempre de la intuición de una mujer.
- Tienes razón. No me lo aprenderé en la vida. Pero, ¿cómo te diste cuenta?
- Verás. Marta es una chica bastante alegre, habladora y curiosa. Me cuesta imaginar que no se muriera de ganas por saber más de ti. Seguro que estaba amenazada, coaccionada por alguien, asustada es la palabra.
- ¿Por quién?
- Pues por los mismos que asesinaron a mi amigo, supongo. Debo ser el único testigo, y ahora me han encontrado.

Ramón calló. Se quedó mirando a Sofía unos segundos, esperando una reacción emocional, que finalmente no se produjo. Ella estaba muy serena, como quien ha estado esperando este momento durante mucho tiempo, sabe lo que se está jugando y lo que tiene que hacer. Extrañamente serena, sabiendo que lo que estaba en el aire en ese momento era su vida, y quizá la de su compañero también.

Consciente de eso, Ramón preguntó:

- Y ahora, ¿qué hacemos?
- Observar sin que nos vean. Y esperar.

Sofía le explicó con más detalle su plan. Ahora llevaba ella la voz cantante, pues, aunque Ramón no tenía por qué saberlo, se movía mucho mejor que él en ese terreno tan resbaladizo. Necesitaban tiempo para estudiar a sus espías, analizar sus movimientos, localizar los posibles fallos de vigilancia que podrían facilitar su huida. Era preciso aparentar que no se habían dado cuenta de nada, pero tampoco se podían quedar solos en la casa mucho tiempo, pues no podían descartar que sus vigilantes pasaran a la acción. Tenían que actuar deprisa, aunque no podían permitirse el lujo de cometer un error.

Lo primero que hicieron dentro de la casa es bajar las persianas, dejando el espacio suficiente para poder observar sin ser vistos. El puesto de vigilancia estaba en el dormitorio, que se encontraba a oscuras, y las sombras no les podían delatar. En el comedor las luces permanecieron encendidas hasta medianoche aproximadamente.

A eso de las cinco, el vigilante abandonó su puesto durante unos minutos, quedando su aparcamiento vacío hasta que lo sustituyó otro coche. Esta vez a Sofía sí le pareció reconocer al ocupante, aunque se guardó mucho de decir nada. En cambio, sonrió, se acercó a Ramón y le dijo muy bajito:

- Han hecho mal el relevo. Están confiados. Podemos aprovechar esos minutos para escaparnos.
- Demasiado fácil.
- No creo que tengamos muchas opciones, así que...
- Tienes razón, nos la tendremos que jugar.

Durante el día el observador salió del coche, y desapareció de su vista. Era una buena señal porque indicaba que no parecía que el ataque fuera inminente. Ellos también necesitaban tiempo para estudiarlos.

Entonces tuvieron que tomar la decisión más difícil. No podían permanecer durante mucho tiempo con las persianas bajadas. Hubiera despertado recelos. Y para aparentar normalidad, Ramón debía ir a trabajar como todos los días, pero eso era muy peligroso para ella. Podían aprovechar la ausencia para entrar en la casa.

Sin embargo, no parecía que hubiera más de una persona vigilando, y el tipo de acciones que se temían no suelen hacerlas un agente solo. En caso de que el observador se convenciera de que el camino de la casa estaba fácil, tardaría algo en pedir refuerzos. Así que Ramón decidió salir, pero no a trabajar, sino a planificar la huida.

Llevaba el móvil encima y se movía por los alrededores de la casa, pero Sofía no debía de llamarle a menos que el peligro fuera inmediato. Podían estar captando las conversaciones del entorno. Ramón se encargaba de llenar el coche de gasolina, acercarlo lo máximo posible, analizar las vías de escape, recopilar información sobre horarios de trenes y aviones, y comprar un poco de comida.

A la 1 volvieron a cambiar al vigilante, y vino una tercera persona, pero esta vez el cambio estuvo bien sincronizado. El relevo llegó antes de que se marchara el anterior agente. Sin embargo, Sofía dedujo que los cambios eran regulares: cada ocho horas.

Ramón volvió a casa a la hora de comer. Intercambiaron impresiones y concretaron más el plan. Su campo de búsqueda se concretó alrededor de las posibles horas de relevo de su guardia: las 9 de la noche y las 5 de la mañana. Sofía descansó un poco hasta las 4, cuando Ramón volvió a salir otro rato, volviendo esta vez a las 6. Entonces fue él quien descansó hasta las 8.

Lo dejaron todo preparado para salir por piernas, pero a la hora esperada se produjo el relevo otra vez de forma impecable.

El desánimo empezaba a hacerse hueco en el ánimo de la pareja, aprovechando el paso que le dejaba el cansancio. La jornada entera de tensión se hacía notar. Para paliarlo comieron un poco y establecieron unos turnos de 3 horas de descanso. La cafetera empezó a silbar en la cocina. Iba a ser otra noche muy larga.

A las 4, la noche era cerrada, aunque la luna llena proporcionaba la suficiente luminosidad para poder moverse por la casa a oscuras, aún con las luces apagadas. Tenían que moverse con mucho cuidado, sin hacer el menor ruido, pues a esas horas el excesivo ajetreo hubiera llamado la atención del vigilante. Por suerte, lo tenían todo preparado desde las 9.

Los 60 minutos se hicieron tan largos como el día anterior. Prácticamente contaron cada segundo que pasaba, intentando adivinar cada posible movimiento en el interior del vehículo, que parecía abandonado. A la hora en punto, se escuchó el sonido del motor, y a continuación las luces de los faros se encendieron. Aguzaron el oído. No se podía apreciar la llegada de ningún vehículo.
La maniobra de salida del coche se les hizo eterna, como la de atraque de un barco, pero al final el sonido del vehículo se perdió en la noche. Ellos, se lanzaron escaleras abajo sin pensar, cargando con una ligera maleta, donde guardaban todo su equipaje.
Salieron a la calle y se introdujeron en su coche. Ramón solamente miraba hacia adelante, y Sofía hacia atrás, esperando la llegada inminente de sus observadores.
Cuando giraban la primera curva, la luz de otro coche se reflejó en su retrovisor. Pero ahora la suerte ya estaba echada.

12 comentarios:

  1. arff arfff que situación más asfixiante y llena de tensión. Esperemos que nuestros protagonistas tengan suerte, aunque me da a mí que todo hubiese resultado demasiado fácil, .... en fin, me callo que no quiero influir en el destino que corran Ramón y Sofía.
    Juanjo, miraba hoy que llevas ya un montón de capítulos, vaya trabajazo que te has buscado. Yo creo que no tendría paciencia. Enhorabuena!! ;o)
    Y cambiando de tema, me gustó el mensajito que me dejaste en mi última entrada (Cosas que nunca te dije), me hizo gracia que dijeses que yo encontraba las palabras que tú buscas... en fin, querido Juanjo.... jeje, te lo agradezco, pero no me creo, para nada, que tú no encuentres palabras o te quedes sin ellas. Pero bueno, casi prefiero quedarme con lo que me pusiste de que te encantaba pasar a verme.
    A mí sí que me encanta que pases.
    Un beso grande. Noelia ;o)

    ResponderEliminar
  2. jajajaja....oye que me releía lo que te acabo de poner y.... VAYA PELOTEO!!! al final va a tener la razón Androide con eso de que los blogs "sólo" sirven para alimentar y acrecentar nuestro ego. :-S
    En fin... bona nit y sigue pensando el nuevo capítulo.
    ;o) Noelia.

    ResponderEliminar
  3. Que historia mas buena
    cada línea del texto se va haciendo mas emocionante
    De verdad , muchas felicitaciones... Está buenísima la historia!!!

    =)

    Has hecho trabajos muy buenos.
    Por hoy.. que ya está terminando el día aquí , leí solo el último texto que has escrito... pero he visto que tienes muchos mas.
    Sigue así.. excelente! :)
    Cuidate , Bye!

    ResponderEliminar
  4. Qué lista es la Sofía ésta y qué valiente a la vez...¬¬
    Me parece todo, demasiado premeditado, no sé.
    Y el pobre Ramón? metido en tos los saraos...pobre hombre :)

    ResponderEliminar
  5. Madre mía! Tú quiere ponernos al borde de un infarto?????? Menuda tensión! Yo no sé si aguantaré más.

    Voy a ver si me tomo una tila... XD


    Un saludo élfico

    ResponderEliminar
  6. Bien conseguida la tensión, sí. No he podido evitar asomarme a la ventana después de leerlo. Es lo que tenemos los paranoides.
    Espero que no seas tan buen profeta como escritor ;)
    Noelia: Me dan la razón en algo, yuju XD

    ResponderEliminar
  7. Las luces debieron cegarles...

    Still Waiting!

    ResponderEliminar
  8. ¡Ja, ja, ja! Es verdad, no había caído yo en el olor. Eso es porque en los sueños no hay olor... Porque no hay, ¿no?

    ResponderEliminar
  9. ¡Jajaja! me parto, me troncho y me mondo.
    Jaja, me ha encantado de veras; ni imaginarme podía que fuese por eso. Y de gilipollez nada...algún día te contaré el porqué mis más cercanos me llaman Schuster.

    Besitos Rodolfo

    Postdata: Me mola tu carilla...qué salá!

    ResponderEliminar
  10. ¡Esto se empieza a animar de nuevo..! Veremos como salen de este lio de ahora... porque a Sofía creo que ya la han mandado al paro de los espias... ¡pero a Ramón...! A este paso le veo acabando compuesto y sin novia... y sin empleo... y sin casa... y sin... jajajaja.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  11. Anónimo5:23 p. m.

    Very pretty site! Keep working. thnx!
    »

    ResponderEliminar
  12. Anónimo6:35 a. m.

    Hallo I absolutely adore your site. You have beautiful graphics I have ever seen.
    »

    ResponderEliminar