22 agosto 2006

El Monte del Olvido (I)


Escuché una vez hablar a alguien sobre este lugar, pero no sabía a ciencia cierta donde se encontraba; su paradero parecía rodeado del mismo halo de misterio que el de su nombre, igual que las enigmáticas palabras con las que el hombre terminó su relato:

No lo busquen. En la vida del hombre siempre hay un momento en que sus pasos se adentran en él. No todos consiguen salir

Atraído por el tema, busqué por bibliotecas, hemerotecas, e incluso llegué a frecuentar algún club esotérico donde se trataban estos temas misteriosos, pero solamente encontré respuestas imprecisas a mis preguntas.

Con el tiempo fui abandonando la posibilidad de encontrar el lugar exacto donde se encuentra el célebre montículo, y fue el mismo tiempo el que alejó de mí al resto de los mortales. Sin demasiado apego por los bienes terrenales, y ajeno al aprecio de mis paisanos decidí vender mis posesiones, echar cerrojo a la vida antigua, tirar la llave a un precipicio, y comenzar una nueva andadura en otro lugar lejano.

Compré una casa cercana al mar, en un lugar abrupto, de difícil acceso; los escasos caminos que la rodeaban eran estrechos y empinados; en sus orillas crecían la aliaga y el tomillo, que amenazaban con invadirlos y sepultarlos bajo el manto de sus secas ramas. Pronto quise conocer cada uno de ellos, averiguar adonde conducían, explorar sus recodos, observar los agrestes paisajes desde las cumbres que atravesaban, e invertí mucho de mi tiempo en esa importante labor.

Casi todos estaban en estado de creciente abandono; las tareas que antiguamente se realizaban en ellos se iban abandonando, los escasos cultivos de secano ya no eran rentables; la madera y el rastrojo ya no se empleaban para alimentar los hornos; y como vías de comunicación hacía tiempo que ya se habían reemplazado por vías anchas y asfaltadas.

Nada parecía presagiar que aquel único ancho camino que me disponía a recorrer me iba a conducir al lugar que tantos años había anhelado encontrar, porque el firme era llano y bien compactado; las orillas, bien delimitadas, conservaban todavía restos del paso de las últimas lluvias en sus puntos bajos; los matorrales habían sido arrancados, y dos largas filas de pinos se perdía en la lejanía, perfilando de forma clara sus contornos.

Pero la amable vía que encontré al principio se fue convirtiendo casi imperceptiblemente en uno de tantos angustiosos senderos frecuentados en días anteriores, en permanente lucha con el avance de la naturaleza; hasta que por fin debajo de mis pies solamente encontré piedras, y mis brazos únicamente servían para separar los matorrales que cerraban mi paso. Seguí ascendiendo un poco más pero no veía el final de la cumbre; después quise retroceder pero no era capaz de encontrar el antiguo camino.

Estaba perdido y se hacía tarde; el cielo empezaba a teñirse con tonos anaranjados, y la brisa era todavía cálida, pero la temperatura empezaba a bajar. No cabía temer por mi vida en aquella época del año, pero la expectativa de pasar la noche al raso no me hacía la menor ilusión. Encontré refugio bajo el saliente de una roca, y rebusqué en mi zurrón: quedaba algo de agua, pan, fiambre y algo de fruta. Por lo menos no pasaría hambre.

5 comentarios:

  1. Dulce Locura8:46 p. m.

    Yo quiero ir a ese lugar...

    Yo también quiero encontrar el Monte del Olvido ;)


    Un beso

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  2. Mmmmmm... el Monte del Olvido... ¿Sera el lugar donde se encuentran las fuentes del rio Leteo...? Pues no se.... ¡ahora no me acuerdo..!De todas formas lo mas chungo de pasar la noche durmiendo en el suelo, es el dolor que tienes por la mañana en todos los huesos del cuerpo... ¡Esperemos que sea lo único que se le estropee a nuestro ermitaño...!

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  3. Están clavadas dos cruces en el monte del olvido por dos amores que han muerto, sin haberse comprendido...¡oleeeeeeeeeeeeeeeee!

    Pd. Empieza con buen pie. Tiene muy buena pinta.

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  4. Buenas vibraciones, si, si, muy buenas.
    Pues leo la siguientes y te digo, (seguro que no podrías vivir sin saber lo que pienso, jajaja).
    Un beso, guapo.

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  5. Hubiera jurado que el otro día después de leer esta magnífica história dejé comentario... detecto una especie de complot contra mis ''pobres'' comentarios (¿?)

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