
"Hablaré con ella esta noche por última vez", se miente todas las mañanas, cuando el despertador acaba con el escaso reposo que le permite el insomnio.
Hablará con ella esta noche, como siempre, pero esta vez no encontrará su voz sensual al otro lado, tampoco las palabras obscenas ni los gemidos entrecortados con los que componía sus fantasías sexuales cada madrugada.
A cambio, una voz demasiado fría le comunicará que la dueña de sus sueños ya no trabaja allí y le ofrecerá cualquier sucedáneo a cambio.
Será duro conciliar el sueño esa noche, cuando él sepa, por fin, que es la última noche.
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