21 septiembre 2014

El dios ausente



Ella no tiene habilidad ninguna para recogerse el pelo. Por eso cree que puede ser práctico que se lo corten a cepillo. También acepta de buen grado la bonita estrella amarilla que le obligan a llevar desde hace algún tiempo. Combina con el fondo ocre de su vestido. 

Ahora le han dicho que debe subir a un tren abarrotado de gente. Los que aguardan su llegada en el andén quieren asustarla diciéndole cosas horribles, pero ella no tiene miedo. Juega con un hilo suelto de la costura, mientras piensa que Yahvé le librará de cualquier peligro. Después, mira cómo se acerca la lejana columna de humo y sonríe.

-.-

3 comentarios:

  1. Menudo escenario, Juanjo. Nunca entenderé la mansedumbre de los condenados. Ese hacer voluntario lo que no queremos. Esa necia sonrisa de los necios, pero en fin, es una postura ante la vida. ¿Quizás fanatismo? ¿Quizás impotencia?
    Buen micro, Juanjo.

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  2. Un poco de todo, Luis. También ignorancia y desidia. Es más cómodo creer en lo que te inculcan y no replantearte nada. Pensar que alguien o algo vendrá a última hora y te salvará de todo mal. Y no estoy en contra de los creyentes, pero valoro más a los que lo son después de haber sufrido una crisis de fe, después de haber puesto patas abajo sus creencias. Lo mismo pienso sobre los ateos.

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  3. Anónimo4:53 p. m.

    Si te apetece compartir tus relatos pásate por aquí http://280ypunto.blogspot.com.es/
    un saludo

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