09 diciembre 2007

En el cementerio

Cementerio de La Recoleta (Buenos Aires). Imagen tomada de http://www.qipdesigns.com

Detrás del encalado muro oeste el sol se ponía, tiñendo de tonos anaranjados el azul del cielo, creando uniformes franjas oscuras alargadas sobre el suelo marrón, como rayas verticales en una enorme camisa. De esos tonos se vestía el impaciente lienzo de mi espera. Ya se notaba el acortamiento del día, meditaba; por no pensar en su tardanza; pero era inútil. ¿Cuándo vendrá?, me preguntaba una vez sí y otra también. Mi mirada iba al sereno espectáculo del crepúsculo, volvía a las tristes letras de la lápida, acariciaba la puerta marrón, como si con ello pudiera conseguir que se abriera antes, enmarcando su anhelada silueta.

A mis pies una cesta con la cena, algo de bebida, un termo de café, y una manta. Venía preparado para una larga noche, una velada compuesta de capas de ilusión, excitación, misterio y miedo, como un sandwich de muchos pisos, larga y cuidadosamente preparado, al que nunca vemos la hora de hincarle el diente. Pero para comenzar el banquete faltaba el invitado principal, y yo estaba nervioso. Nervioso y hambriento.

La mortecina luz crepuscular fue reemplazada por la radiante luminosidad de la luna llena, emergiendo por encima de las copas de los cipreses. El espectáculo de su perfecto óvalo blanco me deslumbró al principio, y no pude observar como se abría la puerta para dejar entrar al objeto de mis sueños. Cuando bajé la vista, ella ya estaba cerca, pero la suave luz resaltaba más aún su piel morena sobre el vestido blanco, reflejándose en el negro de su cabello rizado con fugaces brillos. Parecía un ser sobrenatural; una hurí, recién salida del paraíso para satisfacer todos mis deseos.

Nada más llegar cambiamos de sitio; la lápida de Pernales no parecía el lugar más apropiado para sorprender al misterioso visitante. Nos retiramos a una distancia prudencial, ocultos detrás de varios mausoleos, con nuestro objetivo perfectamente localizado. Cómodos y seguros en nuestro escondite, poco a poco fuimos relajando la tensión de la vigilancia.

Ella tenía una sonrisa permanente, un enigmático brillo en los ojos, y su voz me acariciaba por dentro cada vez que susurraba una frase. Las palabras me salían solas, originales piropos brotaban de mis labios a cada cual más original. La cesta estaba intacta, y la manta, tendida sobre el suelo, pedía a gritos un uso bien distinto al de mantel. El muro se estaba resquebrajando.

Inmerso en esa fase de excitación, una ráfaga de viento trajo un perfume de rosas. Ella aspiró su aroma abriendo bien las fosas nasales, dibujando una ligera sonrisa, exhalando un suspiro. Sin mediar palabra, sin esperar pregunta, me dirigí al lugar de donde provenían aquellos efluvios, y vi una mata trepando por el muro norte. Las flores estaban altas; necesitaba algo para poder arrancar algunas, y nunca me he distinguido por mi agilidad precisamente. Por suerte, iba provisto de una navaja y encontré un palo junto a la pared, lo que me permitió, en poco tiempo, conseguir un bello ramo para mi amada.

16 comentarios:

  1. Äfrica9:15 a. m.

    Los cementerios tienen mucho de romántico, sobre todo algunos.
    Y el morbo que despiertan en la noche, con la luna sobre una fila de cipreses...
    Aún así, siento el frío del misterio que siempre encierran en su ambiente demasiado calmo...
    Es como acompañar a un sinfín de almas, verte rodeado de pálidos rostros de profunda tristeza por la ausencia de vida.


    Besos!


    Äfrica

    ResponderEliminar
  2. Anónimo10:44 a. m.

    Hola Juanjo:
    Sigo con interés esa romántica historia tuya, de cementerio, flores, bandolero y amada.
    Un beso y disfruta tu domingo.
    Rosa (Ceniza de Mar)

    ResponderEliminar
  3. Juanjo: mucho gusto; esa parte de historia que publicaste me gustó mucho, muy literario. Entrarías a mi blogger?? te dejo la dire: http://minasousa.blogspot.com

    ResponderEliminar
  4. Pero a ver, así cómo vas a descubrir al misterioso visitante de la tumba de Pernales, si piensas en lo que no tienes que pensar: esa mantita multiusos, la cenita, la luz de la luna, la frangancia de las rosas y es mujer..
    Que no te me distraigas y vigila el puesto ¡me cachis!

    Ains

    ResponderEliminar
  5. Juanjoooooooo 9 días , me quedan 9 días!!!
    Estoy atacá.
    Un beso fuerte.
    Raquel.

    ResponderEliminar
  6. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
  7. Jop... como molas guapo... como molas con tus relatos!!!!! plaf plaf plaf... pero que me tienes aún más pegada al asiento es claro, así que ya sabes que terminarás debiéndome el peluquero y una silla nueva a como sigas extendiendo el relato por más tiempo jajajajajajaja
    Besucos guapo

    ResponderEliminar
  8. Yo sinceramente no he creido nunca en el romanticismo del cementerio, que es creer en el romanticismo de la muerte, quizás es que no creo en el romanticismo en si. Pero es bien cierto que de un cementerio los poetas han hecho muchas veces poesía.
    De Amado Nervo por ejemplo:
    "¿Cuántos ramos de flores
    he llevado a tu tumba? No lo sé.
    ¿Cuántos he de llevar? Tal vez ya pocos.
    ¡Tal vez ya pocos! ¡Oh, qué perspectiva
    deliciosa!"
    O de Octavio Paz, menos romántica, mas irónica:
    "Lo que se dice se dice
    al derecho y al revés.
    Lamenta la mente
    de menta demente:
    cementerio es sementero,
    simiente no miente."

    Un beso

    P.D. Cuidado al coger las rosas, no te lesiones, ya sabes lo que ocurre con las rosas..

    ResponderEliminar
  9. Anónimo6:39 p. m.

    Hola Juanjo:
    Me agrada mucho que te haya gustado mi entrada sobre el rito del café.
    Gracias por tu comentario.

    Pd: Tengo una anécdota muy curiosa de un amigo.
    Cuando jovencito se ponía una sotana de un tio abuelo suyo, se metía en el cementerio de su ciudad saltando la valla, abría un paraguas negro y se ponía a dar paseos por entre las tumbas y los nichos.
    Más de uno que lo vio quedó aterrado.
    Era más bien gamberrillo, claro que eso era de joven, ahora es un Sr. muy serio. :)
    Besos

    Rosa (Ceniza de mar)

    ResponderEliminar
  10. Anónimo6:39 p. m.

    Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
  11. Äfrica9:59 p. m.

    Hola!
    Sólo vine a decirte, con respecto a tu comentario en mi entrada, que qué razón tienes...
    Somos totalmente infelices por esperar cosas, porque esperamos cosas del otro...

    Pero dime, crees que eso es voluntario?
    Yo creo que sin querer esperar, esperamos.
    Y luego pasa lo que pasa...


    Besitos a la luz de la luna!


    Äfrica :D

    ResponderEliminar
  12. Lo que ven mis ojos.12:09 a. m.

    Curioso; conformando un ramo a la vez que se espera que aparezca otro.
    ¿casualidad?
    Besos.

    ResponderEliminar
  13. He estado pensando una cosa: Tu que eres tan detallista como que se te pasó el decir de que color eran esas rosas.
    ¿Amarillas, blancas, rojas, rosas?
    Es importante, cada color tiene un sentido.
    Te dejo un beso

    ResponderEliminar
  14. Pensaba que no había pasado el tiempo. O bien se reafirma que es cíclico, porque aquí seguimos. Entre rosas y tumbas. Con mantita de cuadros.

    Me alegra encontrarte activo.

    Besos

    ResponderEliminar
  15. Äfrica, Alma:
    Los cementerios son románticos en el sentido literario de la palabra, y en el sentimental, algunos, como el de la foto. Como todos los lugares poco frecuentados se presta a cierto tipo de encuentros... románticos a veces.

    Nikté:
    Me pongo a vigilar enseguida.

    Alma:
    Dos muestras excelentes de poesía. Como siempre.

    Rosa:
    Debe ser un tipo interesante tu amigo, y divertido, aunque ahora sea un señor muy serio.

    Lo que ven mis ojos:
    Tus ojos sí que ven.

    Nikté:
    No soy nada detallista, aunque tú no lo creas. No había pensado en ello, pero me temo que el protagonista no tenía una floristería a mano, sólo un rosal trepador. El color: del que había.

    Camille:
    Me alegra verte por aquí, jajaja. Es cíclico, sí, pero el protagonista es distinto.

    Sigo activo, aunque haya bajado el ritmo. No sé lo que me sienta mal: los años impares, los solsticios o ambas cosas a la vez, pero ¡qué ganas de cambiar el chip!

    Besos a todas.

    ResponderEliminar
  16. "Las palabras me salían solas, originales piropos brotaban de mis labios a cada cual más original" Esta frase me ha chirriado, rompe la fluidez narrativa. Por otro lado me encanta el momento que describes, muy visual y sugerente.

    Un besito ;)

    ResponderEliminar