
La noche no le sonríe hoy a Pedro como otras veces. El local está flojo de clientes, y la mercancía permanece intacta en el bolsillo oculto de su pantalón. Los pardillos del día no lo eran tanto, y se han pegado el piro antes de que recuperara todo lo que se había dejado ganar al póquer. Sus perspectivas de llenar de pasta los bolsillos se han quedado en eso, y son las tantas. Tiene muchas deudas y poco tiempo. Habrá que hacer algo.
Sale follao del garito, excitado por la farlopa, no sea que vengan antes de hora a reclamarle lo que debe. Sería triste caer con la misma arma que tan bien maneja. Pisa la acera y mira a ambos lados. Su aspecto de galán venido a menos podría encajar en muchas bandas sonoras y tiras de cómic; pero el mugriento malecón suena más a Rubén Blades que a Sinatra, y su perfil recuerda al Corto Maltés antes que a su homónimo del Jueves.
Por su izquierda se acerca un pavo, con la camisa afuera y el reloj asomado al bolsillo del chaleco, discutiendo con amigos invisibles, y esquivando obstáculos imaginarios. Pedro lo deja venir, calcula el encontronazo, esboza una disculpa y le deja el moco colgando. Ahora ya tiene acciones, pero no plata. Tendrá que apurarse, y aflojar alguna bolsa antes de que le encuentren, porque sabe de sobra que hoy le encuentran. Y más vale que su bolsillo suene más metálico que un simple tic-tac para entonces.
Cambia el rumbo y cruza el límite invisible que marca la calle, la línea de separación entre dos mundos de perversión distintos y estancos. Al otro lado, las luces de neón anuncian con falsos nombres, lo que todos conocen. El dinero corre ahí de otra forma, sin esperanza de multiplicarse, pero con rápido cambio de manos. Sin embargo hoy no. Hace días que no llega ningún barco al puerto, y a los fijos del negocio les ha acobardado el frío. Muchos garitos están cerrados, y los que no, vacíos, a punto de bajar la persiana.
Tras chapar el último antro, vuelve a pisar la acera, y se asoma al cruce más cercano. Un acelerón repentino, unos pasos apresurados, o unas voces pausadas le mantienen en angustiosa guardia. El tiempo y sus recursos se agotan cuando la noche se acerca a su hora más fría, pero una figura bulliciosa y lejana puede convertirse el último billete hacia su salvación. Y es que como a tres cuadras de aquella esquina, una mujer, va recorriendo la acera entera por quinta vez...
Tras chapar el último antro, vuelve a pisar la acera, y se asoma al cruce más cercano. Un acelerón repentino, unos pasos apresurados, o unas voces pausadas le mantienen en angustiosa guardia. El tiempo y sus recursos se agotan cuando la noche se acerca a su hora más fría, pero una figura bulliciosa y lejana puede convertirse el último billete hacia su salvación. Y es que como a tres cuadras de aquella esquina, una mujer, va recorriendo la acera entera por quinta vez...
Ay dios, se masca la tragedia ;)
ResponderEliminarBesicos
A ritmo de rumba. Obviamente, me imagino la secuencia ritmo de rumba. Que no es un mal ritmo, para la desesperación.
ResponderEliminarNos has traducido muy bien el destino de ese hombre.
ResponderEliminarY digo traducir, porque parece que su destino ya estaba escrito...
Muy bueno, muy bueno el texto!
Me ha provocado un poco de angustia al final....yo es que lo vivo, xDD!!!
Un beso
Äfrica
Así que regresaste... Bien. Como tenía que ser.
ResponderEliminarBesos orgiásticos
Durante años bailé al son de Rubén Blades acunada por la tragedia de Pedro Navaja. Mi pareja de baile entonces era un gran amigo.
ResponderEliminarCarambolas del destino, después de más de siete años sin saber de él, ese destino "ovetetuasaberque" ha querido que hoy justamente aparezca en mi vida de nuevo.
Y llego aquí, rematando la carambola o "vetetuasaberque" y de fondo suena nuestra canción ... y yo ya vuelvo a tener pareja de baile.
¿No crees que la vida es maravillosa?
¡que bueno! me ha encantado porque desde el primer párrafo pensé en la canción de Pedro Navaja así que el final es redondo... haya o no continuación para este texto.
ResponderEliminarmanejas muy bien el vocabulario de este texto lo que lo hace fluído de facil lectura.
bicos,
Aldabra
Qué angustioso final! cómo sigue?
ResponderEliminarPues esta crónica está cantada con un ritmo idóneo a la noche, al momento.
ResponderEliminarAbrazos
Hola, que buen texto. Un abrazo, cuidate.
ResponderEliminarAl leer el titulo de tu relato (entrega..?) no he podido por menos que rememorar el título homólogo del buen Gabo y su estremecedora primera línea: "El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30..." así que muerte más anunciada imposible, casi como la del siniestro Pedro ¿o no..? habrá que esperar... jejeje
ResponderEliminarUn abrazo
Nunca hubo muerte cantada tan bien contada.
ResponderEliminarUn beso y un abrazo, como siempre, un placer
Bueno algo me falta me quedé como que me cortasen la hoja por la mitad...
ResponderEliminarCreo que aunque me pongan muchos textos sabría cual es el tuyo...
Un beso y gracias amigo.
El ritmo de la canción es de salsa, pero podría ser de jazz, y el protagonista Pedro, bien se podría apodar Mackie Navaja, o Big Mack the Knife, como gustéis.
ResponderEliminarEl final del relato viene implícito en la última frase, tomada de la famosa canción de Rubén Blades.
Para el que no la sepa, dejo este enlace con la letra:
http://letras.terra.com.br/ruben-blades/4316/
y este otro con la música:
http://www.goear.com/listen.php?v=ebb2e06
Impecable el estilo que te traslada a esa otra parte ¿sórdida de la ciudad? Otras maneras muy intensas de vivir al segundo y siempre agarrándose fuerte al instante.
ResponderEliminarEl ritmo de la canción no me importa, cualquier ritmo le sería apto y los hechos de cualquier rincón del mundo.
Un beso.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.
ResponderEliminarPero hay una cosa que a mi nunca me sorprende, siempre que vengo a verte y a leerte, salgo encantada.
Un abrazo
Es una de mis canciones favoritas y creo que la puse alguna vez en el blog.
ResponderEliminarMola tu relato.
Muak!!
Me encanta esta historia, así... entre sombras.
ResponderEliminar¡Y lo feo que es el tío de la imagen y la cara de malo que tiene!
Pues por aqui regreso.
ResponderEliminarPor los oscuros callejones de tus palabras.
A esperas de que todo lo que me pase sea bueno.
Y con tiempo. COn todo un nuevo curso escolar por delante.
Seguimos andando compañero.
¡ Salud !
debo confesar q hace un tiempo atras visite tu blog por una imagen maravillosa q tenias, y me quede enrredada en tus lineas apasionantes... fue tanto que ni siquiera fui capaz de escribir comentarios...
ResponderEliminarhoy pasé a visitar despues de un tiempo
y encontre mas de tus relatos...
un gusto una vez mas pasar por aki...
Es el precio de vivir al límite, la angustia que lo anega todo, no crees? buen fin de semana con abrazo!
ResponderEliminarMe has llevado de la mano en el tiempo, a oscuros y húmedos callejones malolientes donde aparece la fantasmagórica figura con su paso contoneante de chulo de barrio venido a menos.
ResponderEliminarGenial melodía la que acompaña al texto, resuena en mi cabeza a golpe de letras :)
Besos, niño, feliz domingo
Ay madre, que se la carga... o ella a él... ¿no era así en la canción?
ResponderEliminar¡¡Cómo la he bailado, un ritmo perfecto para mover las caderas!!
Un beso agradeciendo tu estilo para narrar las cosas ya contadas,
;)
mmm Rubén Blades; no termina bien Pedro Navaja (tú estás en ná...)
ResponderEliminarEs la primera vez que vengo por aquí, pero volveré. Me gusta
Besos
un relato genial!! magníficamene narrado!!!!Un saludo
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