18 octubre 2006

La dama de hierro (V)



Diez años después, mientras recorría de nuevo los lugares del horror, Anna Dimitrescu recordaba cada uno de los detalles de aquellos momentos dramáticos como si los estuviera viviendo en ese mismo instante, y se arrepentía de haber aceptado la invitación de visitar el castillo que le habían ofrecido sus nuevos moradores.

Algo le invitaba a abandonar cuanto antes aquel recinto, a pesar de ser perfectamente consciente de que el peligro real ya no existía, pues las viejas hechiceras fueron quemadas en la hoguera poco tiempo después, y la señora, la condesa Bathory, fue condenada a vivir el resto de sus días entre cuatro paredes sin ventanas, con sólo un pequeño hueco por el que introducir la comida necesaria para su supervivencia, hasta que la muerte se la llevó tres años después de comenzar su encierro.

El juicio también fue terrible; volver a recordar todas las escenas de sufrimiento, delante de la mirada amenazante de la señora, que jamás dió la sensación de estar vencida, y reiteró tercamente, hasta la saciedad, estar en su derecho, como noble que era, de sacrificar las vidas necesarias para preservar su belleza.
La prueba clave fue un cuaderno, hallado en el registro del castillo, donde estaban anotados los nombres y características de las 610 muchachas sacrificadas para lograr ese oscuro objetivo. No tuvo el juez valor suficiente para condenar a la condesa a suerte igual que sus sicarias, como hubiera merecido, aunque quizá fue más cruel dejar que su bello rostro se marchitara lentamente, y la juventud que quiso conservar eternamente se le fuera marchando, poco a poco, pero sin ningún remedio.

No obstante dicen que la belleza le acompañó largo tiempo, y era objeto de admiración por parte de sus guardianes, que la espiaban a través del pequeño agujero abierto en la pared. A su muerte, fue enterrada en el mismo castillo, pero al poco tiempo su tumba fue violada, y los campesinos mantienen que su alma poseyó la de un vampiro, que sigue cobrándose sus deudas de sangre entre las muchachas de la comarca.

Quizá fuera eso lo que intimidaba a Anna, y a pesar del buen trato recibido por los anfitriones, decidió abandonar el castillo antes de que el sol dejará de calentar las frías almenas, prometiéndose a sí misma no volver a poner el pie entre sus muros en lo que le quedara de vida, pues ya había sido demasiado vivir aquella pesadilla como para desear revivirla.

3 comentarios:

  1. Huy no tengo tiempo de leer todo,
    pasaré después,
    abrazo

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  2. Anónimo8:24 a. m.

    Upsss y yo creí que con la IV se había acabado. YYyy que no se hace estos días por mantenerse jóvenes?, entre comillas, pienso que es una industria que vende más que el pan de cada día.
    Que tengas un buen día.
    1OOOena

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  3. Anónimo11:15 p. m.

    asi que era la malvada Bathory eh! uhmmm voy a por la otra!

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